Aunque la historia oficial dice que la Gendarmería Nacional Argentina
nace como una nueva fuerza de seguridad militar con funciones de
policía para proteger las zonas de frontera, lo cierto es que su rol
siempre fue otro: intervenir en los conflictos sociales dentro del
territorio nacional como brazo armado del Estado para sofocarlos y
restaurar el “orden”. Gobiernos radicales y peronistas la utilizaron
adecuándola a cada coyuntura pero sin perder “su razón de ser” como
instrumento clave del aparato represivo estatal.
Los llamados “centinelas de la Patria” tienen sus antecedentes en las
“gendarmerías volantes” de alcance provincial como la creada por
Yrigoyen en 1921 para reprimir las huelgas de los peones rurales en
Santa Cruz o la que reprime en Chaco ese mismo año la protesta delos
obreros de la compañía inglesa La Forestal. Para el sociólogo Esteban Rodríguez Alzueta
la ley sancionada en 1938 que crea formalmente la Gendarmería Nacional
fue un pedido de la firma Bunge & Born para terminar con las
andanzas de los bandidos rurales Mate Cocido y el “Vasco” Zamácola
dentro en la provincia de Chaco, donde la empresa nacional tenía
importantes intereses. En sus ochenta años de vida la GNA fue y sigue
siendo un enemigo de los trabajadores y de los pueblos originarios, en
esta nota recorremos algunos momentos de la historia argentina donde
queda demostrada su naturaleza y los intereses de clase que defiende.
A la caza de los Pilagá (una masacre silenciada)
Octubre 1947. Formosa que aún no era una provincia sino un territorio
nacional era explotada por grandes latifundios vendidos a empresarios
nacionales y extranjeros mientras que la mayoría de la población
integrada por pueblos indígenas vivía en la extrema pobreza. Los pilagá,
despedidos por el empresario azucarero Patrón Costa en Tartagal
(Salta), regresaron a su comunidad cercana a Las Lomitas. El miedo al
“malón indígena” hizo que la prensa local y las autoridades pidieran a
gritos la intervención del gobierno que utilizó a su nuevo perro de
caza: la gendarmería nacional. El 10 de octubre el Director Nacional de
la GNA dio la orden al Regimiento 18º para atacar con ametralladoras,
fusiles y carabinas a los Pilagá concentrados en ese momento en el
paraje Rincón Bomba. Los gendarmes de varios escuadrones cercanos se
sumaron para masacrar y perseguir en el monte a la comunidad completa
durante tres semanas. Se estima que el número de asesinados ronda entre
750 y 1000. Hasta ahora pocos cuerpos fueron hallados y reconocidos
mientras que la mayoría permanecen desaparecidos.
Actualmente la masacre de Perón al pueblo pilagá
es considerado un crimen de lesa humanidad, es decir crímenes
organizados y ejecutados por el Estado. Perón, como presidente y jefe de
las Fuerzas Armadas fue responsable de su accionar pero los hechos
fueron ocultados y silenciados durante décadas. Muchos años después, la
documentalista Valeria Mapelman fue una de las que mejor reconstruyó
esta historia en el documental "Octubre Pilagá"
La represión en el frigorífico más grande de Latinoamérica
El barrio de Mataderos se convirtió en un verdadero campo de guerra
en enero de 1959. Trabajadores del frigorífico Lisandro de la Torre y
los vecinos del barrio de un lado; el gobierno y sus Fuerzas Armadas y
de Seguridad del otro. La planta fue ocupada el día 15 por sus empleados
en respuesta a las intenciones de Frondizi de privatizar el frigorífico
con reducción de personal y aumento de los ritmos de producción
incluidos. La toma fue apoyada por los vecinos y comerciantes de la zona.
El 17 a la madrugada veintidós micros repletos de policías, carros de
asalto de Infantería, jeeps del Ejército y hasta cuatro tanques Sherman
aguardaron la llegada de los refuerzos de la Gendarmería Nacional e
iniciaron una violenta represión adentro y afuera de la fábrica. No fue
una tarea fácil, los obreros resistieron durante tres horas el desalojo.
En los días siguientes la batalla se trasladó a las calles de Mataderos
donde son recordadas las barricadas organizadas por los vecinos.
En este contexto la GNA estrenaba una nueva forma de intervenir en
los conflictos sociales: estaba operando en zona urbana y actuaba bajo
las órdenes directas del Ejército. Esto último se debía a la aprobación
de la Ley Orgánica (1958) que ponía a la Gendarmería bajo jurisdicción
militar, por lo tanto, estaba bajo sus órdenes. Además recibían la misma
instrucción que el Ejército basando su doctrina de defensa en las
enseñanzas del Ejército francés que consideraba como verdadero enemigo
al comunismo que se camuflaba en la población civil moviéndose como “un
pez en el agua”. El general francés Bentresque brindó exposiciones y
cursos en sedes de Gendarmería sobre “guerra revolucionaria” y “lucha
contra la subversión”, conceptos que empezaron a formar parte del
lenguaje cotidiano de las fuerzas militares.
El “Apagón” en Ledesma
Entre el 20 y el 27 de julio de 1976 se produjeron una serie de apagones de luz en los barrios del departamento de Ledesma (Jujuy)
durante los que fueron secuestradas 400 personas de las cuales 55 aún
permanecen desaparecidas. Desde las 22 hs hasta las 6 hs del día
siguiente la Gendarmería y otras fuerzas de seguridad cortaban el
suministro de electricidad de la usina ubicada en el barrio Libertador
General San Martín y en el medio de la oscuridad recorrían las calles a
punta de pistola. Iban con una “lista negra” realizada por el mismísimo
directorio del Ingenio Ledesma para identificar y secuestrar a los
trabajadores organizados y torturarlos para obtener información.
La GNA y los Blaquier compartían el mismo enemigo desde hace años. En
1966 se creó una guarnición en Ledesma por decreto presidencial con la
excusa de combatir un foco guerrillero en Salta, desarticulado un año
antes. Pero en vez de instalarse en la zona de frontera lo hizo dentro
del establecimiento de los Blaquier porque el objetivo central era otro:
detener el ascenso obrero que repercutía muy fuerte en los ingenios
jujeños. Para ello la empresa les brindaría alojamiento y suministros
necesarios para cumplir la tarea con eficacia; además de vehículos y
combustibles para realizar operativos como los ocurridos durante el
apagón.
Esta metodología represiva es similar a la usada el año anterior en
las represiones de Villa Constitución y Tucumán durante el Operativo
Independencia; donde también intervino la GNA. De los años de "plomo" la
Gendarmería tiene mucho que explicar, sobre todo su rol dentro de
Centros Clandestinos de Detención particularmente Campo de Mayo.
Guardián del “orden interno” en los 90: el Cutralcazo
El piquete, como histórico método de lucha usado por el movimiento
obrero, fue usado en los 90 para visibilizar los reclamos de “trabajo
digno” frente al enorme aumento de la desocupación. La Gendarmería
intervino en la mayoría de estos conflictos como fuerza de choque del
gobierno nacional para desalojar las rutas nacionales y resguardar el
“orden interno” pegando un salto importante con respecto a décadas
anteriores. El primer gran levantamiento de los “piqueteros” durante los
años de ofensiva neoliberal fue conocido como el Cutralcazo en junio de 1996 en Neuquén.
El 20 de junio estalló el conflicto luego de falsas promesas del
gobernador Sapag de crear nuevas fuentes de trabajo. La ruta nacional 22
fue cortada por los pobladores de los municipios vecinos de Plaza
Huincul y de Cutral Co. Cinco días después la orden de desalojo puso a
400 gendarmes con perros, decenas de vehículos, camión hidrante, balas
de goma y gases lacrimógenos frente a frente con los manifestantes. La
GNA avanzó sobre el primer piquete pero el pueblo resistió con palos y
gomeras logrando el repliegue de la tropa. Más de 20 mil personas
presentes protagonizaron una verdadera pueblada. En abril del año
siguiente volvería a producirse otro levantamiento en Cutral Co también
reprimida por Gendarmería y por la policía provincial. En una de esas
jornadas, una bala de la policía asesinó a Teresa Rodríguez, una
empleada doméstica de 25 años con tres hijos.
De la Rúa heredó esta Gendarmería garante de la “paz interna”. Debutó
reprimiendo en 1999 sobre el Puente General Belgrano, que une Chaco y
Corrientes. El saldo fueron 2 muertos, 28 heridos de bala. Los niveles
de desprestigio de las Fuerzas Armadas en ese momento iban en aumento,
la experiencia de los 70 habían marcado a fuego la memoria de miles.
Lear, el gendarme “carancho” y un nuevo rol para la GNA
En junio de 2014 la autopartista Lear despidió a 240 trabajadores
por participar o simpatizar en una organización gremial independiente
de la burocracia del SMATA. El plan fue orquestado por la multinacional y
el sindicato. El Ministerio de Trabajo demostraba su apoyo dejando en
claro nuevamente que el Estado prefiere defender la propiedad privada de
los grandes empresarios antes que el derecho a trabajar de las
mayorías. Los trabajadores despedidos respondieron con 21 piquetes en
Panamericana. La GNA dirigida por el ex carapintada Sergio Berni fue la
encargada de reprimir brutalmente el corte como en tantas otras
oportunidades hasta que por orden judicial tuvo que dejar de intervenir.
El caso se mediatizó cuando el jefe de Gendarmería Torales se tiró
grotescamente sobre el auto de uno de los manifestantes para proceder a
la detención provocando un repudio generalizado. En aquellas jornadas
también se infiltró un coronel retirado de Inteligencia hasta que las
cámaras lo descubrieron.
La GNA, como el resto de las Fuerzas de Seguridad y Armadas, fue muy
favorecida con las políticas de la era K, sobre todo durante el gobierno
de Cristina que en 2010 creó por decreto el Ministerio de Seguridad
–con Nilda Garré a la cabeza- con la Policía Federal, Agroportuaria,
Prefectura y a la Gendarmería bajo su cargo, con la intención de
reforzar el control civil sobre el aparato represivo del Estado. La
reconciliación de la sociedad con las FF.AA. –luego de años de
desprestigio y rechazo popular- y el fortalecimiento de las fuerzas a
través de una serie de leyes fueron las políticas claves del ministerio,
además darles más presupuesto. En el 2013 la GNA impulsó el Proyecto X
espiando a dirigentes sociales e infiltrándose en movilizaciones. Además
sumarían un nuevo rol: “Combatir el delito” a través del Operativo
Centinela, trasladando gendarmes al conurbano, o como centinelas dentro
de los barrios pobres del sur de la Ciudad de Buenos Aires. Allí,
quiénes más los conoces son los pibes de las villas, constantemente
hostigados y estigmatizados.
El gobierno de Mauricio Macri se encontró con una Gendarmería más
fuerte que en otras décadas que sumado al envalentonamiento de la
derecha luego del triunfo de Cambiemos provocó una avanzada represiva
que hoy continúa y se agudiza con la incorporación de las Fuerzas
Armadas en tareas de seguridad interna.







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